Estos bailes cultivados en la zona llamada Costa Chica, que abarca parte del litoral de los estados de Guerrero y Oaxaca, muestran dos influencias: la de la población negroide establecida en la zona y, por otro, la de la música traída por marinos desde Sudamérica. Son bailes muy alegres con descanzos, zapateado fuerte y manejo de paliacate.